Almería, 09/09/26.- Es lo primero que dice: “Tenemos un proyecto muy chulo para que se apunten todos los niños que quieran”. Más que a los chicos, que también, se dirige a todas esas familias que buscan una actividad deportiva completa, que forme en valores y que sea ilusionante para sus hijos. “El objetivo, crear una buena cantera; la cantera de Unicaja Costa de Almería será referente”, asegura. Además, Miguel Ángel Ramos ‘Melero’, que vuelve de Islandia con esta misión, siente el respaldo absoluto desde la junta directiva para pensar en grande: “Todo por los niños, esforzarse por ellos y que sueñen con jugar en Superliga”.

Es muy importante que no hace falta experiencia previa: “Me da igual que no sepan jugar a voleibol; que vengan, que aprendan”. Su intención, “crearlos a mi semejanza: que tengan una buena técnica y muchos valores de equipo”. Su recuerdo es ese: “Cuando estábamos en Unicaja éramos como una familia, de hecho, muchas veces nos llamaban ‘la mafia’, pero es que estábamos siempre juntos, salíamos juntos, íbamos a comer juntos, fines de semana juntos…”. Está convencido de que eso “hace que el equipo sea más fuerte, cuando ellos se apoyan; incluso arropan al que menos juega, pero que es parte importante del equipo”.
Ideas claras
Las vivencias unidos “crean mucha amistad”, y el trabajo bien hecho es un reclamo desde el que llamar a incorporarse a las categorías inferiores del club. Lo sostiene, “si se trabaja bien con la base y nos cuidamos a los niños, más niños se apuntan porque esto es un ‘boca a boca’”, y lo reafirma: “Si a los niños les gusta el club, la gente se viene con nosotros, eso seguro”. El reto, “que se haga una base de cantera, que se debería haber hecho hace años, ser el club de referencia de Almería y de Andalucía, y tener la estructura para que los niños suban a Superliga, que no se queden en juveniles y desaparezcan”.

Miguel Ángel Ramos recuerda que “todo el mundo me conoce por ‘Melero’, así en todos los clubes y en todos los sitios”, textualmente, para bromear con que “Miguel Ángel solamente me llama mi madre, para ser exactos -risas-”. Empezó a jugar en el colegio San Fernando, “que está en El Zapillo”, aclara. Su primer competición fue la de ‘Municipales’: “Me acuerdo perfectamente que estaba en séptimo de EGB, lo que ahora es primero de la ESO”. Iba a dejarlo en el segundo año, pero… “me llamó un jugador que estaba en Unicaja, equipo que llevaba Pablo Martínez, actual presidente del club, que me había visto jugar”.
Base sólida del primer equipo
Se ’dejó querer’, probó un día el entrenamiento, le gustó, y lo demás es historia. No solo la deportiva, sino la humana: “Ahí conocí a Víctor Viciana y a más gente del Unicaja antiguo”. La continuidad le llevó a completar de verde todas las categorías, desde infantil hasta tres años de juvenil, pasando antes por cadete. Ya en esa edad se vio cortado en su salto hasta senior: “Llegamos a quedarnos campeones de España, y después todos salimos”. Esto es justo lo que vivió y lo que procurará que no se repita, ya que siendo Almería una tierra de voleibol y Unicaja un club canterano, “muchos chicos tendrán opciones de primer equipo”.

Pasó por Málaga, Salesianos y Mintonette, sin olvidar al Univóley de sus orígenes, hasta el año 2018, en el que hizo la maleta. El Þróttur Fjarðabyggð, de la ciudad de Neskaupstaður, Islandia, fue su destino y ha sido su hogar hasta ahora, durante casi una década. Lineales son 3.232 kilómetros, pero el viaje real, ferry y por carretera, es de 4.856 kilómetros. Vuelve al sol y la luz de su Almería tras acumular una gran experiencia, muy enriquecedora, que le ha abierto el camino de los banquillos y la formación. “Fui a probar un año, que se convirtió en ocho; empecé a entrenar a niños, porque mi pasión siempre era entrenar a niños”.
Pasión por enseñar
Dio rienda suelta a su vocación, “empecé y me gustó mucho”, dejando a la postre todo un legado: “Ocho años he pasado allí creando cantera en el club y, de hecho, ya me echan de menos porque estaban acostumbrados a mí”. Lo recuerda con cariño: “Tenía muchos niños, y todo súper bien”. El motivo de su regreso, “porque ya he dejado de jugar, me han operado del menisco, tengo 44 años y ya los dolores empiezan: espalda, rodillas, hombros… como a toda la gente del voleibol”. Además, necesidad vital de “volver a casa: mi madre tiene 80 años, me he perdido muchas etapas de su vida, y de la de mis sobrinos”.
Aquel niño del barrio de la Bola Azul, cuyos ídolos era ahorradores, “todos teníamos a Rafa Pascual y los de Unicaja, como Manolo Berenguel, Charly Carreño, Cosme Prenafeta… toda la gente que jugaba antes en el club”. Lo explica de manera explícita: “Eran como la generación que estaba ahí, fuerte, y siempre nos fijábamos en ellos, eran los referentes”. A Melero, formador de cantera, el enfoque le lleva ahora a la gente joven: “Ahora últimamente sigo a los hermanos búlgaros, Aleksandar y Simeón Nikolov, colocador y opuesto, que me parecen unos chicos interesantes porque Bulgaria está haciendo una buena selección”.
Mucho trabajo coordinado
Participó en el Campus de Tecnificación de este verano organizado por Unicaja Costa de Almería y AVG, y manos a la obra específicamente con la cantera lleva “un par de semanas” bien aprovechadas. “Estamos planificando, porque hay mucho trabajo por hacer para llegar al objetivo de crear una buena cantera”, desvela. Su petición ha sido “no empezar con ‘gente mayor’, en referencia a las categorías de más edad, si bien el trabajo viene en cascada, de arriba: “Estoy con Portero, que lleva el junior, y ayudo de segundo y apoyando a los niños”. Todo es parte del mismo plan de trabajo: “Trabajar mucho y empezar desde abajo”.

Su regreso al club es muy positivo, “conozco a todo el mundo, conozco a Pablo, que fue mi entrenador, y me dijo que quería que estuviese en las categorías inferiores”. Tenía opciones sobre la mesa, pero eligió revestirse de verde por lo que supone para él la figura del actual presidente y otros integrantes de la directiva: “Como tengo mucha confianza en él, lo aprecio un montón, a él, a José Maqueda también y a otros que conozco desde pequeño, pues me decidí por la vuelta. En Islandia, que “fue de casualidad, porque volví a jugar tras cinco años y mi amigo Borja González me llamó”, puso, sin saberlo en aquel momento vital de 2018, el germen de su futuro como entrenador de categorías inferiores.